Marta Carrillo

Soy una exploradora incansable, movida por la búsqueda constante de nuevas formas de entendernos y de relacionarnos mejor, tanto a nivel personal como social.

Este impulso es el motor de mi aprendizaje continuo, una práctica que enriquezco mediante el estudio y la aplicación de diversas disciplinas y metodologías: Coaching, Programación Neurolingüística (PNL), Inteligencia Emocional, Neurociencia, Intervención Estratégica y Mindfulness.

Con esta formación y experiencia multidisciplinaria, aporto una perspectiva integral, profunda y creativa a cada sesión o intervención. Mi enfoque asegura que cada sesión o intervención esté cuidadosamente diseñada y adaptada a las necesidades únicas de cada persona y organización, promoviendo cambios significativos y sostenibles.

Cada sesión está cuidadosamente diseñada y adaptada a las necesidades únicas de cada persona y organización

Me impulsa mi misión:

En mi trabajo individual con personas, me enfoco en empoderarlas para fortalecer su autoestima y ayudarlas a conectar profundamente con sus emociones. Este proceso de autoconocimiento y aceptación permite alcanzar un bienestar genuino y duradero, brindando la libertad de dirigir sus propias vidas con claridad y confianza.

Por otra parte, en mi labor con empresas y organizaciones, busco generar ambientes laborales de excelencia, potenciando la inteligencia emocional tanto en el liderazgo como en los equipos. Con ello, promovemos entornos de trabajo más productivos, resilientes, saludables y emocionalmente sólidos, que impulsan el crecimiento tanto personal como colectivo.

Esta es mi historia

Nací, como todas las personas, con un alto grado de autoestima. Prueba de ello es una foto maravillosa que aún conservo donde a mis seis años luzco mis mejores galas y una exquisita sonrisa de inocencia a la vez que de gran seguridad y autoaprobación.

Crecí en el seno de una familia numerosa, ¡muy numerosa!  En casa, además de mamá y papá, convivíamos nueve hermanas y hermanos y siempre, siempre, algún que otro animal.

Crecí en el seno de una familia numerosa

Los recursos que mi mente infantil e inocente encontró y aprendió para “sobrevivir”

Estas circunstancias, sumadas a las inherentes comparaciones constantes propias y ajenas y a un sistema educativo totalmente carente de validación personal y apoyo emocional, hicieron que, con el tiempo, esa maravillosa autoestima innata quedara guardada y recónditamente relegada en algún rincón de mi ser, bien escondida.

Los recursos que mi mente infantil e inocente encontró y aprendió para “sobrevivir” en un mundo adulto fueron convertirme en una niña bonita, dócil, obediente y, a ser posible, perfecta…

Y fue así como empecé a desarrollar la terrible necesidad de complacer siempre y el miedo a decepcionar a tantas personas que esperaban tanto de mí.

La educación de entonces, tanto familiar como académica, no solía contemplar el reconocimiento de las diferentes capacidades, talentos o habilidades de cada persona, ni tampoco de los logros, que se daban por sentado: eran una obligación, no algo por lo que premiarte o reconocerte.

“Adopté y compré” valores y creencias que no eran las mías y así perdí todo vestigio de mi autoestima y, peor aún, de mi esencia que fue, más que educada, “domesticada”. Esto cambió por completo cómo me veía y, en consecuencia, cómo interactuaba con el mundo. Afectó negativamente a muchas de mis decisiones, relaciones, desarrollo de capacidades y propósitos vitales. No fue “culpa” de nadie (la culpa no es el camino) sino fruto de las circunstancias y la época.

No fue “culpa” de nadie (la culpa no es el camino) sino fruto de las circunstancias y la época

Empecé a trabajar y a recorrer el arduo aunque magnífico camino hacia la aceptación radical de quien soy y me convertí en activista de la autoestima

Entonces un buen día, ya adulta, sentí que echaba de menos a aquella niña de seis años que se sentía suficiente tal como era, la busqué y me reencontré con ella.

¡Fue un reencuentro maravilloso, y ya no nos hemos separado más!

Y fue así como entendí que una autoestima saludable, o sea: reconocer nuestro valor intrínseco, aceptar completamente nuestras fortalezas y debilidades, y sentirnos personas merecedoras de respeto y amor, es el gran tema, el pilar fundamental del bienestar. Y que la falta de esta es lo que genera tantos dolores emocionales y tantas relaciones humanas dañadas.

Empecé a trabajar y a recorrer el arduo aunque magnífico camino hacia la aceptación radical de quien soy y me convertí en activista de la autoestima.

Comprendí que recuperar nuestra autoestima, junto con el autoconocimiento y el hecho de tener un propósito vital, son los tres pilares fundamentales para construir una vida con plenitud.